viernes, 22 de noviembre de 2013

3 meses tenías cuando escuché por primera vez tu corazón latir. Creía que las paredes del consultorio se me iban a caer encima, además de lo fuerte lo rápido que andaba tu corazoncito y pregunté con la voz quebrada y una lágrima corriendo por mi cara del lado derecho,:
- Algo anda mal, verdad?, dígame la verdad, seré fuerte.
A lo que el Doc me contestó:
- Dejá de estar de loca e inventarte historias fatalistas, el bebe está bien sanito!


5 meses pasaron cuando la pancita se me empezó a inflamar. Mi ombligo (horrible por cierto) se exhibió haciéndose un botón de abrigos de cuero, y mis pechos crecieron como que acababa de salir del consultorio del Dr. Parés.
A los 7 meses me di cuenta que sería un varón, los huevos en el ultrasonido era lo único que podía distinguir entre lo blanco y negro. También me di cuenta que tendría que ser cesárea, porque al niño se le ocurrió sentarse sobre mi pelvis y no decidió moverse y así se quedó! *Lindas palabras*
                               
Llegó el día esperado, un 17 de Oct a las 12:07 del medio día saliste de mí, para regalarme desvelos, depresión post-parto, falta de apetito, camas sucias, ropa sucias, cansancio, sonrisas, balbuceos, besos, miradas de amor, tu primera palabra, tus primeros pasos, la ansiedad en la sala de espera del pediatra, el medirte contra la pared, las primeras caídas, las primeras heridas con sangre, hospitalizaciones, medicinas, gastos médicos -.- , cumpleaños, ataque de besos, locuras, gritos, llantos, malacrianzas, abrazos, dormir abrazados, amanecer empiernados, y todas esas cosas lindas y feas que hacen lo perfecto de nuestra relación.




Positivo significa más

Ahí estaba yo, toda enamoradiza y con un pequeño retraso en mi ciclo menstrual irregular. Era normal, no menstruaba cada 28 días y habían meses que ni si quiera se asomaba la pequeña línea que diferencia de una niña a una mujer.
¡Mis sospechas fueron ciertas! Un papel blanco con una palabra sencilla y positiva cambió mi vida. Así es, el examen de embarazo había dado POSITIVO. No había vuelta atrás, “Yo, ya estaba hasta los queques”
Dentro de mí, se formaba una pelotita de sangre que en pocos meses iba a tener corazón, huesos, cara, cuerpo, órganos, extremidades y por último pelo y piel. Mis manos empezaron a ponerse heladas, empecé a sudar y a ponerme más pálida de lo que ya normalmente soy. Mi mejor amiga no decía nada, sólo entró en shock junto conmigo y se quedó callada por media hora más.
No dormí por los siguientes 3 días, no comí, no pensaba, no respondía, no asimilaba lo que dentro de mí se formaba. Y pues tomé la decisión de ir a visitar al Doc y aventurarme al nuevo estilo de vida, que por andar de calenturienta, me tenía que acostumbrar.
Ahí estaba, el Doctor (que era el mismo Doc que miraba a mi mamá, mi hermana, mi cuñada y mis amigas) con una gran sonrisota me dijo: “ Ahí está el saquito en su lugar, felicidades vas a ser mamá”.
Tenía ganas de decirle:
- “Me lo vas a mantener vos?, lo vas a parir vos? Acaso sos el padre vos? No, verdad? Entonces quitá esa sonrisa estúpida de tu cara!!!
Pero, pues, sólo lo pensé!
Me levanté, ajusté mi pantalón, y tomé el recetario médico en donde me mandaba a  tomar: ácido fólico, hierro, multi-vitaminas, calcio y pastillas para las naúseas.

Náuseas? Jajajaja, nunca me va a dar eso! Las mujeres que salen embarazadas y vomitan, se desmayan y andan de lloronas son las más débiles y lo único que hacen es llamar la atención... pensé!
 Falso!!! Pasé los primeros 5 meses de mi embarazo “embrocada” en el inodoro echando todo lo delicioso que había comido, me quedaba dormida en la oficina hasta por 3 horas, lloraba como María Magdalena junto a Jesús crucificado y era una de las peores compañías para ver una película romántica porque lloraba desde que apagaban las luces en el cine, hasta que entraba el muchacho a limpiar las palomitas.